Las primeras clasificaciones de los elementos

Desde finales del siglo XVIII, se había intentado clasificar los elementos químicos conocidos buscando semejanzas en sus propiedades. Así, los elementos se clasificaban en metales, como el hierro (Fe) o el cobre (Cu), y no metales, como el fósforo (P) y el oxígeno (O). Algunos elementos, como el arsénico (As), no se ajustan claramente a una de estas dos categorías, por lo que también se podía hablar de elementos semimetálicos. Esta clasificación era demasiado general ya que existían considerables diferencias entre las propiedades de los elementos que pertenecían a la misma categoría. 


Las Triadas de Döbereiner

En 1829, el químico Johann Döbereiner observó que había grupos de tres elementos que tenían propiedades físicas y químicas muy parecidas o mostraban un cambio gradual en sus propiedades. Con base en sus observaciones clasificó los elementos en grupos de tres y los llamó triadas.


Las octavas de Newlands

En 1864, Johan Newlands ordenó los elementos conocidos de acuerdo con sus pesos atómicos crecientes; observó que después de ubicar siete elementos, en el octavo se repetían las propiedades químicas del primero (sin tener en cuenta los gases nobles)

Gracias a sus observaciones, Newlands ordenó los elementos en grupos y periodos, pero mientras algunos grupos tenían elementos con propiedades muy parecidas, otros tenían elementos con propiedades completamente diferentes.


La tabla periódica de Mendeléiev

En 1869, los químicos Dimitri Mendeleiev y Lothar Meyer publicaron por separado tablas periódicas prácticamente coincidentes, en las que clasificaban los 63 elementos conocidos hasta esa fecha. La clasificación de Mendeleiev hacía especial énfasis en las propiedades químicas de los elementos; mientras Meyer hacía hincapié en las propiedades físicas. 




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